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139. El matrimonio a medias de Jaime II e Isabel de Castilla

Dos reyes en problemas, un tratado y un buen bodorrio para sellarlo todo…

…o no.

Porque un matrimonio entre Jaime II de Aragón y la infanta niña Isabel de Castilla parecía una idea espectacular, si no fuera porque eran primos y su unión civil dependía de cierto documento para ser reconocida por la iglesia.

Pero como nunca llegó, el plan se quedó a medias.

En la carátula tenéis los retratos imaginados de Jaime II (pintado por Felipe Ariosto) e Isabel de Castilla (hecho por Alonso de Cartagena).

María Argota Recaj

María Argota Recaj

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Contenido del Podcast

Murió este príncipe en tres días en la flor de su juventud, en edad de veintisiete años, de una landre, en Barcelona, a 18 de junio de 1291. Y fue sepultado en el monasterio de los frailes menores de aquella ciudad con hábito de San Francisco.

Jerónimo Zurita, Anales de Aragón, libro IV, capítulo CXII

Alfonso III de Aragón dobló la servilleta y lo que vino después es un royal salseo para flipar.

El infante Jaime:

¿CUÁL DE TODOS?

Porque ha habido unos cuántos.

Concretamente el que nació en el Palacio Real de Valencia un día 10 de abril de 1267, el segundo de los seis hijos que tuvieron el entonces infante Pedro (y futuro Pedro III de Aragón) y su esposa la entonces princesa Constanza de Sicilia (después reina consorte de Aragón).

Nieto por parte de madre del rey Manfredo de Sicilia (un hijito ilegítimo que tuvo por ahí el emperador Federico II Hohenstaufen) y de la reina consorte Beatriz de Saboya. Y en el lado paterno tenemos como abuelitos a Jaime I El Conquistador y su segunda esposa, la reina consorte Violante de Hungría.

Hermano, entre otros, del infante Alfonso (futuro Alfonso III de Aragón) y de la infanta Isabel (que acabó casada con Dionsio I de Portugal y siglos después santificada como nuestra Santa Isabel de Portugal).

Ese infante Jaime.

Un nuevo rey en Sicilia:

Es poco lo que sabemos de la infancia del infante Jaime.

Por no decir que prácticamente nada.

Y es que su nombre no empieza a sonar hasta las Vísperas Sicilianas de 1282, por las que Pedro III de Aragón acabó echando a patadas de la isla a los franceses (previa carnicería). Será a partir de ese momento cuando el infante Jaime sea jurado como sucesor y heredero del reino de Sicilia.

1285.

Pedro III muere y asciende al trono su hijo el infante Alfonso, que reinará como Alfonso III de Aragón.

Y que heredará todos los problemitas que le dejó su papá por las Vísperas Sicilianas.

Jaime será coronado rey de Sicilia, lo cual no va a ayudar en absoluto a mejorar la situación para la Corona de Aragón que seguía enfrentada al Papado, al rey de Francia y a la Casa de Anjou (que digamos que seguían sin perdonar lo de la carnicería francesa de las Vísperas Sicilianas).

Y así de mal seguirán las relaciones hasta que el 19 de febrero de 1291 se firme el Tratado de Tarascón, una especie de tratado de paz en el que, entre otros acuerdos, Alfonso III se comprometió a retirar el apoyo a su hermano Jaime.

Puñalada trapera la de Alfonso III, eh.

Rey de la Corona de Aragón:

Había llegado la paz.

Que duró menos de cinco meses, porque Alfonso III muere un 18 de junio de 1291.

Y nos dejó salseo.

Este rey llegó a casarse por poderes con la infanta Leonor de Inglaterra, pero cuando la novia venía a hacer oficial la boda, Alfonso III se puso el pijama de madera sin haber consumado el matrimonio y mucho menos sin haber dejado hijos.

Con ella.

Porque según el Codicilio de Alfonso III, antes de morir, el rey le pidió a su sucesor que se encargara de cuidar a su amante Dulce y al hijo del que la había dejado embarazada. Pero no sabemos qué llegó pasar con la madre y la criatura.

Y sin hijos, el trono pasó a su hermano Jaime, que dejó de ser rey de Sicilia y fue coronado rey de la Corona de Aragón, reinando como Jaime II.

Que no tenía ningún interés en dejar que otros le comieran terreno en Sicilia. Así que todo lo que se había arreglado con el Tratado de Tarascón volvió a romperse en mil pedazos.

Y cuando todo parecía que no podía ir a peor, entró Castilla en la historia.

Castilla y la guerra en casa:

Aragón tenía problemas en el Mediterráneo, sí; pero nuestros vecinos castellanos los tenían dentro del patio de casa.

Y todo por problemas con las herencias.

El heredero de Alfonso X El Sabio era su hijo varón mayor, el infante Fernando "El de la Cerda" (no me puede gustar más ese apodo) que, a su vez, tuvo dos hijos: Alfonso y Fernando, los infantes de la Cerda (sí, se llaman todos igual qué le vamos a hacer).

Este infante Fernando, heredero de Alfonso X, muere a los 19 años y deja un problemaco sucesorio importante. Y es que, según el derecho consuetudinario (lo que viene siendo la costumbre de toda la vida), el trono debía recaer en el infante Sancho, hermano de Fernando y siguiente hijo varón de Alfonso X.

PERO.

Durante el reinado de Alfonso X se redactan Las Siete Partidas, una especie de código de derecho según el cual el trono debía pasar al infante Alfonso de la Cerda, hijo de Fernando y nieto de Alfonso X.

Ale, guerra civil al canto.

El bando del infante Sancho contaba con el apoyo de parte de la nobleza castellana (digamos que no llevaban muy bien ciertas políticas de Alfonso X); el bando de Alfonso X y los infantes de la Cerda tenían cierto respaldo de Luis IX de Francia (era el abuelito por parte de madre de los niños) y cierto apoyo de Pedro III y Alfonso III de Aragón (porque la mujer de Alfonso X era la reina consorte Violante de Aragón, hermana de Pedro III y tía de Alfonso III).

Cuando parecía que la guerra lo consumiría todo, Alfonso X murió en 1284 y al final el infante Sancho se hizo con el trono, reinando como Sancho IV de Castilla.

Y ahora es cuando reintroducimos a Jaime II de Aragón.

Un plan sin fisuras:

Aragón tenía problemas externos, Castilla los tenía internos. Lo último que necesitaban Jaime II y Sancho IV era movidas entre ellos. ¿Solución?

El Tratado de Monteagudo de las Vicarías.

Una especie de acuerdo de paz que se selló un 1 de diciembre de 1291 con la boda civil entre el rey Jaime II de Aragón y la infanta Isabel de Castilla, hija de Sancho IV.

Mejor dicho, la infantita, que la nena tenía 9 años cuando la casaron.

La idea debió de sonar espectacular en las cabezas de estos dos reyes, no así en las de aragoneses y castellanos que no se terminaban de creer que un matrimonio así pudiera salir adelante.

Y es que Jaime II de Aragón y Sancho IV de Castilla eran primos hermanos.

Cuando se firmó aquel contrato matrimonial, Jaime II sabía perfectamente que se casaba con su prima. Y para obtener el reconocimiento de la iglesia, aquel matrimonio necesitaba de una dispensa del Papa, que obviamente no se la iba a conceder por la pelea que tenían por Sicilia.

Así que sí, sobre el papel Jaime II e Isabel de Castilla estaban casados; pero ante la iglesia aquella boda no tenía validez...

...ni la tendría.

Un tratado por otro:

Algo más de cuatro años después de la boda, Sancho IV muere. Apenas había sido enterrado, que Jaime II mandó de vuelta a Castilla a su mujer.

Oficialmente, Jaime II dijo terminar con aquel matrimonio civil porque como no llegaba la dispensa papal, aquella unión no podía seguir adelante.

Venga, ahora la verdad.

La realidad se llama Tratado de Anagni, un acuerdo de paz entre el Papa Bonifacio VIII, Felipe IV de Francia, Carlos de Anjou y Jaime II, que le daba mucho más beneficio político al rey de Aragón que lo que había firmado con su primo Sancho IV.

Y que terminó con otra boda, por cierto.

La de Jaime II de Aragón con Blanca de Anjou, hija del eterno aspirante a meter cuchara en Sicilia que era Carlos de Anjou.

Mejor que la prensa rosa:

¿Quién quiere prensa rosa teniendo semejantes salseos reales en la Historia de Aragón?

Eso sí, vaya follón con Jaime II.

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