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San Valentín sigue bien presente.
Y el amor pues también. Después de venir de una leyenda tan sumamente retorcida como la de la enterrada viva de Alfambra, este episodio va a ser un soplo de aire fresco y muy amoroso.
Porque esta es la muy poco conocida historia de Calila y Guzmán, los amantes de Ricla.
Ricla, entre cocodrilos malditos y misterios arqueológicos
Ricla, en la comarca de Valdejalón, es una localidad que tenía censados algo más de 3000 habitantes en 2025 según el Instituto Nacional de Estadística.
Vamos, lo que viene siendo un pueblo grande para los estándares aragoneses.
Un paraíso paleontológico
¡Los fans de la paleontología están de enhorabuena!
Y es que en el término municipal de Ricla se han encontrado miles de fósiles. Aunque ninguno tan conocido como el Maledictosuchus Riclaensis, que se ganó el apodo de cocodrilo maldito de Ricla porque muchos paleontólogos lo consideraron un caso perdido hasta que pudo ser estudiado en condiciones.
El fósil os espera en el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza.
Misterios arqueológicos
Además de un cocodrilo maldito, a Ricla la persigue todo un misterio arqueológico.
Y es que hay expertos que sitúan la ciudad celtíbera de Nertóbriga dentro de su término municipal, con el monte Agualí (que viene estando entre los ríos Jalón y Grío) como ubicación con muchas papeletas. Pero es una hipótesis que todavía no se ha podido demostrar, así que nos quedaremos de momento con el misterio.
Se siente.
De lo que estamos muy seguros es de que los romanos dejaron su huella por aquí en forma de restos de puente romano y una serie de tumbas de los siglos II - III d. C., que aparecieron cerca de las piscinas.
Un nombre muy ¿visigodo? para un pueblo dividido
Y por mucho que el nombre pueda parecer musulmán, la teoría con más fuerza dice que podría venir del topónimo visigodo Villa Rikila, del que al final quedó la segunda parte que evolucionará con el tiempo a Ricla.
A partir del 711, la localidad quedó bajo dominio islámico hasta que Alfonso I "el Batallador" la terminó incorporando al reino de Aragón en 1120. Y a partir de ese momento, quedará dividida en dos barrios por una muralla: el alto, en el que vivían los musulmanes; el bajo, donde estaban los cristianos.
Y esta será la imagen de Ricla hasta que la expulsión de los moriscos aragoneses en 1610 la dejará al borde de la despoblación, haciendo que tuvieran que venir 44 nuevas familias a repoblarla para que no desapareciera del mapa.
De paseo patrimonial
Una historia tan larga ha dejado una huella profunda en el patrimonio cultural de Ricla.
Y así nos podemos encontrar monumentos como la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, con su increíble torre mudéjar mixta con un cuerpo bajo de planta cuadrada del siglo XVI y un segundo cuerpo octogonal de tradición mudéjar construido durante el siglo XVIII. También podríamos hablar del castillo de Ricla que, aunque tiene origen musulmán, terminó convertido en palacio de los Luna.
¿Queréis más patrimonio?
Pues ahí tenéis el pilón de los santos Teompompo y Sinesio, que durante siglos servía para marcar el inicio del término de Ricla. Y no vamos a olvidarnos de su estupendo nevero del siglo XIX, que tan buen servicio prestó al pueblo durante mucho tiempo.
Y para el final he dejado (con toda la idea del mundo) el arco de San Sebastián, una de las antiguas puertas de aquella muralla que separaba Ricla en dos barrios, los mismos en los que cuenta una leyenda que vivían dos amantes llamados Calila y Guzmán.
Aquella Ricla del siglo XII
A finales del siglo XII, durante el reinado de Alfonso II "el Casto" (que vuelve a salir en un episodio porque él lo vale), el castillo de Ricla estaba gobernado por un señor feudal que no terminamos de tener claro si era Martín Pérez de Villel (un hombre de mucha confianza del rey) o Berenguer II de Entenza (que venía de una muy buena familia del reino de Aragón, el mozo).
¿No saber este dato puede afectar al resto de la historia?
Ni de lejos, de hecho nos da absolutamente igual.
Pero nos viene bien para saber que estamos en una Ricla que llevaba menos de 70 años bajo dominio aragonés y en la que existía una muralla que separaba la población en los barrios cristiano y musulmán.
Lo cual no significa que sus habitantes no pudieran ni verse.
Las puertas se dejaban abiertas durante el día para que los habitantes pudiesen circular libremente y quedaban cerradas de noche por temas de seguridad ciudadana. Pero la gente se dirigía la palabra y sociabilizaba, que quede bien claro.
Encuentros al otro lado de la muralla
¡DING, DING! ¡Presentemos a nuestros amantes!
En el barrio alto habitado por los musulmanes tenemos a la hermosa Calila, una chica con un corazón del tamaño de Ricla a la que le estaban buscando marido entre los hombres de su comunidad, porque por lo visto pues ya iba siendo hora de que se casara.
Y en barrio bajo cristiano nos encontramos al sensible Guzmán, trovador especializado en remover tus sentimientos con sus canciones, que podía hacerte llorar antes de terminar el primer verso.
Un buen día, Calila cruzó la muralla y por pura casualidad se encontró al otro lado con Guzmán, al que le llamó la atención verla tan sola y decidió ponerse a charrar con ella. Se metieron tanto en su burbuja que él pasó al otro lado para acompañarla a casa, y así comenzó la primera de muchas idas y venidas entre barrios.
Y surgió el amor, awwwwww.
Moral y religión, demasiado presentes en la relación
Los dos se querían, sí.
Pero aquella relación pintaba a complicada, porque habían recibido diferente educación y se habían criado en dos religiones muy diferentes. Y es que, aunque Calila no tenía nada en contra de la música, los sentimientos que removían en ella las canciones de Guzmán pues como que entraban demasiado en conflicto con su moral.
Y eso no le gustaba nada de nada.
Así que intentando salvar la relación, le pidió a Guzmán que dejara de lado la música y optara por convertirse al islam. Pero más allá de su trabajo, nuestro trovador favorito veía la música como una parte esencial de su vida.
Y no tenía intención de dejarla de lado.
Se acabó el amor
Viendo problemas en el horizonte, Calila le pidió a Guzmán que renunciara a su amor para que pudieran seguir caminos separados sin acabar tirándose los trastos a la cabeza.
Y con mucho dolor, nuestro trovador aceptó.
Pero no lo superó.
Al final abandonó la música, pero lo hizo para terminar bebiéndose hasta el agua de los floreros. Y es que prefirió beber para olvidar hasta caerse redondo por las calles de Ricla: una noche, borracho perdido, cruzó la muralla, llegó a casa de Calila y se pegó un señor bofetón contra su puerta.
Ella lo encontró al borde del coma etílico y sin poder levantarse, así que lo llevó hasta una habitación y lo tumbó en una cama donde lo cuidó con todo el amor de su corazón. Y es que en el fondo, ella tampoco había sido capaz de olvidarlo.
OOOOOOOH.
Omnia vincit amor
Separarse los estaba condenando a una vida de pena, pero el peso de la moral y la religión era demasiado grande.
Eso sí, el amor que sentían aún lo era más.
Y merecía tanto la pena luchar por él, que dejaron todo de lado y al final se casaron.
Y es que, como dice una frase atribuida a Virgilio: omnia vincit amor et nos cedamus amori.
El amor lo vence todo y nosotros nos rendimos al amor.
¡Que cierran la puerta de la muralla!
Awwwwwwww, pero qué historia tan bonita.
Y además con un final bien feliz.
Por desgracia, la leyenda de Calila y Guzmán no es muy conocida si la comparamos con otras. Pero este episodio ha llegado para hacer un poquito de justicia.
La historia fue recogida en su día por el escritor Salustiano Yanguas Hernández, que es autor de varios volúmenes sobre cuentos y relatos aragoneses. Pero también podéis encontrarla en el libro del historiador Agustín Ubieto Arteta que se titula "Leyendas para una historia paralela del Aragón medieval", unan pedazo de antología de 359 leyendas aragonesas medievales que publicó la Institución Fernando el Católico en 2010.
Y que además podéis descargar gratis en pdf.
Dicho todo esto, si queréis que hable sobre algún tema que os guste, podéis contactar conmigo a través de las redes sociales del podcast o mediante el formulario en aragonhistoriasyfalordias.com.
