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“Bellezas de Aragón, el Moncayo. Abiertas las puertas del Moncayo al turismo, el Ayuntamiento de Tarazona, impulsado por las exhortaciones de nuestros vecinos de Zaragoza y la enorme afluencia de turistas, salvando toda clase de inconvenientes y mediante un sacrificio económico de importancia, contrató la edificación de un magnífico refugio – hotel en la llamada Plana de Agramonte, que sirva de albergue a quienes, deseosos de conocer y disfrutar el saludable ambiente de este monte, no dispongan de un hotel de su propiedad".
Heraldo de Aragón, edición del 4 de agosto de 1934.
Lo que me gustan a mí unas buenas tardes de hemeroteca.
¿Qué es lo que tiene Agramonte?:
“Tiene Tarazona por resolver el abastecimiento de aguas y canalización del río Queiles, obras en las que el Ayuntamiento pone todo su empeño para que en breve lleguen a ser una realidad. Además existe el proyecto de construir pabellones para colonias escolares, contando con los ofrecimientos y cooperación de las corporaciones oficiales de Zaragoza. Estos pabellones se construirían en las proximidades de Agramonte, sitio agreste, con abundantes aguas, clima medio y el de más vegetación.”
Heraldo de Aragón, 18 de agosto de 1928, pág. 1.
Sí, MÁS HEMEROTECA.
Pabellones para colonias escolares que se construirían en las proximidades de Agramonte, un sitio estupendísimo con agua, buen clima y bastante vegetación (gracias a repoblaciones forestales varias, pero eso es otra historia).
En los años 30, el Ayuntamiento de Tarazona se puso las gafas del turismo y empezó a mirar al Moncayo con otros ojitos: los del dinero.
Mientras Ordesa conseguía la declaración como Parque Nacional en agosto de 1918 (algo de lo que os hablé en el episodio 108), parte de nuestro querido Moncayo era declarado Sitio de Interés Nacional en 1927.
Pero aquello se quedaba corto.
Hasta que el consistorio turiasonense consigue en 1934 que el Estado ceda 40000 hectáreas de monte y mientras acondicionaba los antiguos caminos que iban por la zona, empezaba a construir un refugio - hospedería para excursionistas en la zona de Agramonte.
Y esto solo acababa de empezar.
La Ciudad Montaña:
Viernes 20 de septiembre de 1935.
El Ayuntamiento de Tarazona organiza una excursión al Moncayo para autoridades y medios de comunicación para dar a conocer una idea que podría haber cambiado nuestra querida cima zaragozana tal como la conocemos.
La Ciudad Montaña.
Una especie de complejo turístico de unas 40 hectáreas, entre los 1100 - 1300 metros de altitud, que contemplaba la construcción de una red de abastecimiento de agua, alcantarillado y alumbrado público, la urbanización de todo el terreno e incluso la creación de pistas de tenis y piscinas.
El Ayuntamiento de Tarazona ofreció a la iniciativa privada la posibilidad de construir varios hoteles, a la vez que daba muy buenas condiciones a los particulares para levantar sus propias casas.
Especulación urbanística llamando a la puerta del Moncayo.
Y además dentro de este proyecto se contemplaba una obra de carácter nacional: la construcción de un sanatorio para enfermos. Según los planes institucionales, cuando todo el complejo estuviese casi terminado, el consistorio turiasonense tenía intención de hacer una cesión gratuita de terreno al Instituto Nacional de Previsión para construir un centro médico para los beneficiarios del Seguro de Enfermedad que estaba a punto de implantarse en aquella España de la Segunda República.
Traducción: iban a levantar un hospital público en el Moncayo para los afiliados al antecedente de la Seguridad Social.
Nada de esto sucedió.
Porque la Guerra Civil lo paralizó todo.
La temida peste blanca:
A la vez que España se desangraba por los cuatro costados, desde hacía tiempo se libraba una batalla mucho más silenciosa que no dejaba de costar vidas.
La tuberculosis.
Una de las enfermedades más antiguas de la Humanidad que, aunque puede atacar a diferentes partes del cuerpo, tiende a cebarse con las vías respiratorias. Y aunque tenía cura, todavía faltaba tiempo para encontrar remedios que fueran verdaderamente efectivos.
Durante muchísimas décadas lo más cercano a una solución para los tuberculosos fue su confinamiento en sanatorios a grandes cotas: a mayor altitud, menor concentración de oxígeno, cosa que obliga al cuerpo a producir más glóbulos rojos, lo que ayudaba a frenar la anemia derivada de la enfermedad. La sequedad del aire de montaña ayudaba a disminuir la expectoración (la tos con flemas, vamos) y la exposición al frío era ideal para bajar la fiebre.
O eso decían en la época.
¿Y para qué semejante turra con la tuberculosis?
Como recoge el diario Amanecer el 23 de noviembre de 1937, el entonces presidente de la Diputación Provincial de Zaragoza, Miguel Allué Salvador, acompañó al gobernador civil a visitar las obras de un sanatorio antituberculoso en Agramonte.
Un centro que será inaugurado el 8 de mayo de 1938.
Y que no será necesario levantar de cero porque ya existía un lugar ideal: el antiguo refugio - hospedería para excursionistas, que simplemente fue readaptado y convertido en hospital.
Acababa de nacer el Sanatorio de la Inmaculada Concepción de Agramonte.
La vida en el sanatorio:
Desde el principio, los pacientes fueron atendidos por la Congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Ana, mientras la Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja (la actual Ibercaja) ponía toda la pasta para el mantenimiento.
El edificio pronto se quedó pequeño y fue ampliado con dos pabellones, una capilla e incluso se instaló un incinerador para poder quemar todo lo que entraba en contacto con los enfermos.
Y NO, NO ERA PARA QUEMAR CADÁVERES.
Porque como en todo hospital, si alguien moría el cuerpo se entregaba a la familia para que lo enterrara donde quisiera. Y si no había nadie para reclamarlo, las instituciones le daban un entierro.
La vida del sanatorio fue la de un hospital cualquiera: visitas para animar a los enfermos, fiestas en la capilla, cambios de directores, conferencias sobre estudios hechos con los pacientes.
¿Cómo pensáis que empezó la historia del actual Hospital Royo Villanova de Zaragoza? Buscadla, que igual os lleváis una sorpresita.
Del cierre a la clausura:
4 de mayo de 1976.
Sabemos por una publicación del diario El Noticiero que el Sanatorio Antituberculoso de Agramonte había dejado de prestar servicio porque el Estado (a través de la Seguridad Social) se hizo cargo del tratamiento contra la tuberculosis.
El Ayuntamiento de Tarazona que era el dueño de los terrenos quería recuperar su propiedad, algo que terminó con tremendo debate entre concejales que no llegó a ninguna parte.
Al final la caja de ahorros cedió el edificio al consistorio y aunque se habló de darle nuevas vidas, ninguna de las propuestas terminó saliendo adelante.
Y el edificio tuvo que ser clausurado.
Leyendas urbanas:
Como explicó el historiador Javier Bona, con la clausura llegó el abandono.
Después de llevarse hasta las bisagras de las puertas, aparecieron en escena el vandalismo y la falta de respeto.
Y por supuesto aparecieron las leyendas urbanas: como en todos los lugares abandonados donde se sabe que ha muerto gente, es inevitable que surjan historias de fantasmas.
Así encontramos a gente colándose entre las ruinas para vivir experiencias paranormales y luego dejar la reseñita de turno en Google.
Y lo máximo que puedes experimentar es que se te caiga un trozo del edificio encima.
Mientras tanto, lo poco que queda del viejo sanatorio espera que alguien miré más allá y cuente su verdadera historia.
Espero haberlo conseguido.
¡Se cierra!:
Me enfada mucho saber lo que se está consintiendo con el Sanatorio de Agramonte.
MUCHO.
A fin de cuentas es un edificio con una historia que no mucha gente conoce porque llama más el sensacionalismo que la realidad...
Dicho todo esto, si os apetece disfrutar de turras en vivo podéis veniros conmigo de experiencia cultural reservando vuestro huequito en aragoneate.com. Y si queréis que hable sobre algún tema que os guste, podéis contactar conmigo a través de las redes sociales del podcast o mediante el formulario en aragonhistoriasyfalordias.com.
