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Ya lo dijo Basilio Paraíso:
Día grande para nosotros, los aragoneses, el de la inauguración de Canfranc.
Y tenía razón.
Eso sí, ahora igual te tirabas un poco de la barba, querido Basilio.
La historia del Canfranc en versión pero que muy resumida:
Sí, en versión resumida. Que ya os la conté al detalle en el episodio 89, en el capítulo 90 y terminé con ella en el programa 91.
1853.
Un año clave, el de la publicación de Los aragoneses a la nación española, un manifiesto firmado por algunos de los aragoneses más importantes del momento en el que se defendía la idea de un ferrocarril a través de Canfranc.
¡Que traigan los palos para meter en las ruedas!
Porque hubo muchos frentes de oposición (que si el ejército tenía fresquita la Guerra de la Independencia, que si la Diputación Foral de Navarra quería su propia línea, que si ahora Francia no está segura...), a los que hubo que sumar los problemas técnicos antes, durante y después de la construcción de la Estación Internacional de Canfranc.
Los Arañones era la mejor opción, a la vez que la más peligrosa. Pero aquí hemos venido a jugar.
Y al final ganamos.
Al menos hasta los años 70.
Aquel 18 de julio de 1928:
¡Ya vienen los trenes!
18 de julio de 1928.
¡Tremendo día para los aragoneses!
Que para algunos privilegiados empezó a las 3.05 a. m., en la antigua estación del Campo Sepulcro de Zaragoza (no os molestéis en ir a visitarla, que se derribó para levantar la estación del Portillo de la avenida Anselmo Clavé).
El lugar del que partió el tren de invitados que llegaría a la flamante y nuevecita Estación Internacional de Canfranc a eso de las 8.30 a.m. Unas personalidades que, mientras se zampaban un desayuno servido por el Hotel Palace de Madrid, tuvieron que esperar varias horas a que hiciera su aparición el tren real con Alfonso XIII y Miguel Primo de Rivera, que llegaron sobre las 11.05 a.m.
Cinco minutos después, sobre las 11.10 a.m., llegaba del otro lado de los Pirineos el tren de invitados franceses, que había salido de Pau en torno a las 9.00 a.m. Y por fin, a las 11.25 a.m., aparecía por el túnel de Somport el tren presidencial con Gaston Doumerge, presidente de la República Francesa.
¡Que empiece la fiesta!
Reuniones para todos:
Después de los saludos protocolarios de turno, pasar revista a las tropas y ver algún que otro desfile, llegó el momento de las reuniones.
Por un lado, Alfonso XIII y Gaston Doumerge (en una estancia con muebles que prestó el Ayuntamiento de Huesca); por otro, Miguel Primo de Rivera y varios ministros franceses (a estos les tocó salita con muebles propiedad del Ayuntamiento de Zaragoza).
Unos 20 minutos después, otro desfile con público incluido.
Y las altas personalidades se fueron a comer.
Banqueteando:
El banquete se sirvió en el pabellón de paquetes postales de la estación (bien decoradito para la ocasión, cómo no) y los medios de la época cuentan qué se comió, qué vinos se sirvieron e incluso cómo sentaron a los 265 invitados.
Hubo discursos del rey de España y del presidente francés, en los que no faltó el peloteo entre uno y otro.
¿Y de postre?
Pues ver la ingeniería ferroviaria de la época, que permitía que algunos trenes pudieran adaptarse a los distintos tipos de vías gracias a un sistema de cambio de eje.
Había que lucirse, gente.
Visita exprés a Francia:
Los franceses habían visto lo bonico que había quedado el lado español y ahora era el turno de que los españoles vieran lo majo que habían dejado el lado francés.
Así que unos y otros se montaron en un tren, y cruzaron el túnel de Somport con destino a Forges d'Abel, la primera estación francesa nada más atravesar la frontera. Después de una visita más bien tirando a corta, españoles y franceses se despidieron con un abrazo y cada uno volvió por donde había venido.
Pero la fiesta siguió.
La fiesta más allá de Canfranc:
Porque el sarao no se quedó en Canfranc.
Aunque Alfonso XIII puso rumbo a San Sebastián, la celebración continuó en Jaca presidida por Miguel Primo de Rivera que, entre otros actos, estuvo en un almuerzo para 500 invitados e incluso pudo verse con Santiago Ramón y Cajal antes de regresar en tren a Zaragoza.
Que Don Santiago estaba de veraneo en Jaca, por si os lo estábais preguntando.
Y en Zaragoza también hubo fiesta, aunque Miguel Primo de Rivera no participó porque prefirió quedarse descansando en su vagón hasta que llegó el tren que lo llevó para Madrid.
Canfranc 1928:
Y aunque este día pueda parecer muy lejano en el tiempo, una vez al año existe la posibilidad de formar parte de él gracias al Ayuntamiento de Canfranc y la Asociación Cultural Canfranc 1928.
Que son quienes cada 18 de julio se encargar de recrear aquella jornada histórica para Aragón y de paso aprovechar para reivindicar la reapertura de la línea.
Una recreación que ha ido ganando en número de participantes y público desde que empezó a celebrarse en 2014 y que ha sido declarada Fiesta de Interés Turístico de Aragón.
¿Necesitáis más razones para visitar Canfranc? Pues eso.
Dicho todo esto, si os apetece disfrutar de turras en vivo podéis veniros conmigo de experiencia cultural reservando vuestro huequito en aragoneate.com. Y si queréis que hable sobre algún tema que os guste, podéis contactar conmigo a través de las redes sociales del podcast o mediante el formulario en aragonhistoriasyfalordias.com.
