Contenido del Podcast
Siete parroquias, siete conventos, siete ermitas, siete fuentes, siete plazas, siete puertas, siete molinos.
Una mina y un ruejo.
La caprichosa ubicación geográfica:
"Ordeno que la villa de Daroca sea llamada ciudad y vosotros por tanto ciudadanos y toda vuestra descendencia para siempre."
Pedro IV "el Ceremonioso", señoras y señores.
Daroca, que fue llamada la ciudad de los siete sietes por su grandísimo patrimonio, ha tenido una gran enemiga a lo largo de su Historia: su ubicación geográfica.
Sí, Castilla también.
Y es que la ciudad se levanta en una zona de confluencia de barrancos como los de Retascón y Nombrevilla; de hecho, la salida natural de sus aguas coincide con el trazado de su famosa Calle Mayor. Así que cada vez que llovía más de la cuenta, el agua seguía su curso y provocaba inundaciones que podían llegar a los dos metros de altura.
En cuanto caían cuatro gotas, todos a mirar al cielo y a prepararse por si tocaba correr.
Pierres Bedel al rescate:
Hasta que llegó el siglo XVI y el Concejo de Daroca se puso las pilas.
Para evitar que el agua bajara por la Calle Mayor, habría que desviarla de alguna forma. Tendría que ser una obra hidráulica casi faraónica, las arcas de la ciudad se quedarían tan vacías que dentro se escucharía el eco y se necesitarían muchos obreros para sacar aquel plan adelante.
Y alguien que entendiese de ingeniería, si no era mucho pedir.
El elegido fue el ingeniero, arquitecto y escultor de origen francés Pierres Bedel, al que en Teruel querían con locura por solucionar los problemillas de cimentación de la torre de San Martín (que se estaba inclinando peligrosamente) y por llevarles agua al centro mismo de la ciudad a través del acueducto de los Arcos.
Conclusión: Pierres, vete calentando que sales.
Una Mina para salvarlos a todos:
Construyendo la Mina:
Las obras empezaron un 26 de julio de 1555 con dos brigadas de obreros excavando desde cada lado del cerro de San Jorge. Durante más de cinco años, trabajaron sin parar a pico limpio y solo guardando fiesta en los días de precepto.
Lo que viene siendo Reyes, el Corpus, la Asunción y fiestas así.
Hasta que por fin se encontraron un 7 de septiembre de 1560, después de haber sacado más de 100000 m3 de tierra con los medios de la época (flipad, eh) y que dieron lugar a un túnel de unos 600 metros de largo.
Y de los que se han perdido unos pocos por la erosión y la mala estabilidad que tiene el terreno.
Mucho más que un túnel:
Pero la Mina de Daroca no es un túnel sin más, no.
Es un conjunto de obras hidráulicas que incluyen refuerzos interiores con arcos de piedra (estabilidad a tope), dos portadas monumentales (no las busquéis, que han desaparecido), una chimenea de ventilación (aliviando presiones), un acueducto de un arco (pasa una acequia por encima) y obras para no soterrar otra acequia (es que había unas cuántas por la zona).
Y a todo esto debemos sumar la Barbacana, un muro de unos 300 metros que ayudaba a proteger las murallas, conducir el agua hacia el túnel y de paso servir de apoyo a la plaza de toros de Daroca.
Más de 575000 sueldos que le costó la maravilla de la ingeniería hidráulica a Daroca.
Pierres Bedel todavía debe estar saltando de alegría en su tumba de Albarracín.
Mina multiusos:
Sí, la Mina se construyó principalmente para ayudar a Daroca con sus problemas de inundaciones.
Pero también fue la atracción turística favorita de Felipe II durante su visita a la ciudad en 1585, cuando decidió pasar la Mina con toda su corte porque él lo valía. Al atravesar el cerro de San Jorge, se emplea como paso de ganado para llegar antes a la ribera del Jiloca; y precisamente por eso, durante la Guerra Civil se utilizaba como conexión más directa para los camiones de mercancías, que así evitaban entrar por Daroca.
Y también dicen que dentro hay una piedra que huele a canela, pero si no queréis llevaros un porrazo de recuerdo no os acerquéis mucho a ver si es verdad.
La Mina de Daroca, que sigue funcionando a pleno rendimiento, es además Bien de Interés Cultural desde el año 2002.
Pero supongamos que cayera una tormenta tan grande que ni la Mina pudiese desviar tal cantidad de agua.
Bueno, no hace falta imaginarlo.
Según una tradición, ya lo comprobaron en 1575.
Aquel día de San Buenaventura de 1575:
1575.
La Mina llevaba unos cinco años terminada por completo y Daroca ya no recordaba qué era eso de las inundaciones. Por eso, cuando la noche del 14 de junio empezó a llover a lo bestia, nadie se preocupó.
Error.
Al llegar la mañana, los diques de contención reventaron y el agua buscó la que siempre había sido su salida natural: la Calle Mayor de Daroca. La inundación pilló a todo el mundo con las sábanas pegadas; varios darocenses subieron a una torre y tocaron las campanas para despertar a la ciudad.
Muchos consiguieron subir a plantas altas, tejados y cerros; otros se lanzaron a salvar personas y animales a los que se llevaba la corriente; pero hubo quienes no tuvieron tanta suerte y murieron ahogados.
Pero lo peor vino cuando la fuerza del agua cerró los portones de madera que se empleaban como cierre de la Puerta Baja y se empezó a acumular porquería, convirtiendo a Daroca en una auténtica trampa mortal.
Aquel día de San Buenaventura de 1575 iba camino de convertirse en una de las peores tragedias de la historia de la ciudad.
Hasta que llegó rodando un milagro. Literalmente.
Un milagro en forma de rueda:
El agua llegó hasta la casa de José Garcés, un vecino que vivía en la zona de la Puerta Alta, y bajaba con tanta fuerza que arrastró un ruejo (una piedra de molino, para entendernos todos) que el hombre tenía en el patio.
Entre la mala leche del agua y la inclinación de la Calle Mayor, el ruejo fue pillando cada vez más velocidad hasta que se estampó contra los portones de la Puerta Baja, y les metió semejante leñazo que los abrió dejando salir el agua y todo lo que se había acumulado.
Pero en lugar de parar por el golpe, el ruejo siguió rodando a toda pastilla y cuentan que así estuvo hasta que llegó a la orilla del Jiloca.
Varios darocenses fueron a buscarlo y lo llevaron de vuelta a la ciudad, donde se conservó en una capilla en la Calle Mayor casi como si fuera una especie de reliquia, en la que además pusieron un cuadro de San Buenaventura por haber sucedido el milagro en su día.
Y aunque ya no existe la capilla, el Ruejo tiene su buen monumento junto a la Puerta Baja.
Así que visitadlo cuando paséis por Daroca, por favor.
Visitando la Mina de Daroca:
La eterna pregunta: ¿se puede visitar la Mina de Daroca?
La respuesta es sí, pero con respeto que es un BIC (y aunque no lo fuera, sigue siendo patrimonio y se respeta igualmente). Y si lleváis iluminación potente pues casi mejor, porque solo entra luz por las bocas de entrada y salida.
El acceso está junto a la N-234, al lado de la urbanización El Val, junto a la Puerta Alta.
¡Cómo nos gusta la Mina!:
Pues sí, nos gusta y el Ruejo también.
De hecho, a mí me gusta tanto que en su día le dediqué hasta un reel por Instagram.
Dicho todo esto, si queréis que hable sobre algún tema que os guste, podéis contactar conmigo a través de las redes sociales del podcast o mediante el formulario en aragonhistoriasyfalordias.com.
